Ficción

Reflexionaba ayer sobre AUSBANC y el sindicatos Manos Limpias y sobre su “modus operandi”.

Durante mucho tiempo tuve a ambas organizaciones como una especie de “hermanitas de la caridad” dedicadas a perseguir la injusticia en el ámbito político y en el financiero. Ahora han caído en desgracia y la justicia les investiga por haber extorsionado a los mismos que decía vigilar a cambio de dinero.

Si las acusaciones a las que se enfrentan judicialmente se demostraran, significa que estas dos asociaciones habrían crecido manteniendo una imagen de limpieza, trasparencia y de lucha arriesgada frente al abuso de los poderosos, bien fuesen bancos o políticos. Yo habría sido uno de los engañados porque, cuando en un caso se mencionaba la acción de Manos Limpias o AUSBANC, siempre pensaba que a quien acusaba era culpable del delito que se le imputara. Es decir, creía sus denuncias basadas en comportamiento anteriores en los que demostraron estar en contra de la corrupción política (Manos Limpias) o contra el abuso de las entidades financieras poderosas (AUSBANC).

Y en pensando esto, me ha venido a la memoria una historia que ustedes valorarán si puede ser cierta o fantasía. Imagínense un medio de comunicación que, durante un tiempo, se distinguiera por perseguir todo aquello que fuese irregular en la política de una ciudad y así ganara fama. Pero, un día, ocurrió que decidió utilizar lo que sabía no para luchar contra la injusticia sino para obtener mayores ingresos amenazando con dar a conocer las cosas que sabía. Así, poco a poco, tacita a tacita, amenaza a amenaza conseguiría una posición predominante frente a la clase política local, a la vez que mantenía su status frente a los ciudadanos gracias al uso de la extra-financiación de la que disponía. Si algún político “sacaba los pies del tiesto” bastaba con arrearle unos cuantos mandobles a través de artículos o editoriales para ayudar a reconvenirle a la senda del interés propio. ¿Ficción?

Uno agradece que haya una justicia que persiga a los que se afanen en pervertir la legítima defensa desinteresada de todos, del común de los mortales frente a los poderosos o al poder político financiero. No hay nada más decepcionante que ver que quien se llena la boca con la defensa del interés común, después se llene los bolsillos con cargo a las amenazas que realice para no dar a conocer las cosas que sabe o cree saber o que dice que sabe. El comercio sobre la defensa de lo legítimo y justo, nos empobrece a todos.

Y si encima va presumiendo de virtud, pulcritud y de historial impoluto… Y si encima no paga a Hacienda… Si la única manera de meter en la cárcel a Capone es por delito fiscal, ¡qué se le va a hacer! La justicia tiene a veces caminos inescrutables.

Llego (Artículo publicado el 5 de julio de 2016 en la App de Portal Local)

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