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Yo he crecido y madurado leyendo periódicos y mi inconsciencia me llevó a seguir a Pedro J. Ramírez.

En mi casa siempre he tenido diarios. Cuando era muy pequeño y vivía en un pueblo de la Castilla donde Tierra de Campos empieza a perder su nombre, en mi casa llegaba por las mañanas el ‘Pueblo’ que, siendo un vespertino, para mi siempre fue un matutino.

Cuando llegué a Alcalá, con once años, la existencia de un quiosco al lado de mi casa hizo que los diarios entraran en mi sangre y mi selección natural, me hizo lector de ‘Diario 16’, ‘El País’ y ‘ABC’, por ese orden. La posibilidad de adquirir la edición vespertina de ‘Diario 16’ me convirtió en compulsivo comprador de mañana y de tarde, para el consiguiente regocijo del quiosquero.

Con Antonio Herrero en ‘Antena 3’ de radio y el PERIODISMO de ‘Diario 16’ no podía convertirme en otra cosa que en un liberal crítico y recalcitrante. Ojalá hubiera podido aprender el estilo, la capacidad de trabajo y la decisión y compromiso personal del que siempre hicieron gala los grandes periodistas del final del siglo XX; Antonio Herrero, Pedro J. Ramírez, Luis María Anson, Federico Jiménez Losantos, José Luis Gutiérrez… ¡menuda cuadrilla!

Lo cierto es que viví la expulsión de ‘J’ de ‘Diario 16’ como la ruptura de la inocencia. Justo cuando mi niñez daba paso a la más común de las adolescencias, uno de mis referentes era expulsado del diario que compraba. Quedé huérfano… por poco tiempo. Nació ‘El Mundo’ y todo volvió a su orden.

Orden que ha durado 24 años. Ha sido casi un cuarto de siglo en el que hemos seguido viviendo la deriva de una democracia y de una nación entre malos gobernantes, temas tabú y fuerzas que desconocemos y que han cambiado las reglas del juego. Nos estamos convirtiendo en un país donde la Ley no es la misma para todos, donde una casta de privilegiados quiere vivir por encima de los demás y permanecer impunes ante sus acciones e inmunes a las críticas… Un país, en definitiva, donde vuelve a repetirse la bochornosa historia en la que el mismo periodista vuelve a ser expulsado del diario que creó.

Cuando leía Diario 16, éste era un periódico alejado de la derecha. No voy a decir de izquierdas. Sin embargo, fue un gobierno del PSOE quien obligó a que se hiciera el trabajo sucio de echar a ‘J’. Ahora, cuando a ‘El Mundo’ los de derechas creen que es un periódico de izquierdas y los de izquierdas creen que es de derechas (no puede un medio de comunicación aspirar a más y no pueden unas mentes tan polarizadas aspirar a menos no dándose cuenta de que el centro liberal también existe), es un gobierno de derechas y un monarca muy borbón, los que consiguen volver a echar a ‘J’ de su periódico. ¿Se darán cuenta de que vuelven a convertirle en mártir de la libertad y que en una sociedad de comunicación como la actual, acrecientan el peso de su opinión en un mil por cien?

Estamos rodeados y gobernados por gente sin luces, sin preparación, sin capacidad para soportar el peso del poder. Los tenemos por todas partes. En el gobierno central, en el gobierno regional, en el gobierno local.

Nos gobierna un Mariano Rajoy nacido del dedo de Aznar (y al que no soporta; sentimiento mutuo por lo visto), que ganó con un programa de rebaja de impuestos, de reducción del peso del Estado, de regeneración democrática, de independencia de la justicia, de lucha contra el terrorismo y de reivindicación de la unidad de España y ¡ha hecho todo lo contrario!

Nos gobierna un Ignacio González nacido del dedo de Esperanza Aguirre (y de la que tanto se ha alejado), que ha sido incapaz de articular una política de reducción del peso de su administración sin cometer tanto errores de bulto que ha permitido que los tribunales le tiren sus planes a las primeras de cambio. Un político que oculta y no explica como pudo adquirir su casita de la costa y que pierde los nervios en conversaciones con ‘J’ en una radio donde te escuchan cientos de miles de personas. En fin, un político muy al uso de la mediocridad general.

Nos gobierna un Javier Bello nacido del dedo de Bartolomé González (el mismo cuyo retrato vio romper con media sonrisa y ninguna acción), un político de tantas buenas ideas como pelos en su cabeza, un politico que tan poco dignifica el cargo, que tan mal se ha rodeado, que tan mal dirige, que tan mal soporta las críticas, una persona acostumbrada a utilizar a otros sin sentido, sin destino, sin capacidad y, esperemos, sin futuro.

Es toda esa mediocridad tan extendida, y en la que nos acostumbramos a vivir, la que nos hace callar porque, si hablas y destacas, van a ir a por ti. Y si encima, eres consciente de tu capacidad y te atreves a presumir de ella, como ‘J’, vas a tener a muchos que se van a alegrar de que, encima, cometan contigo un delito contra la libertad de expresión como es que presionen para echarte del periódico que diriges.

En Alcalá, vivimos en una sociedad adormecida, trenzada por incapaces, vividores, busca fortunas a cambio de nada, de políticos de perfil nulo, de equipos de inútiles, de ex-gordos del gasoil, de buscavidas sin idea de jugar al billar; en definitiva, de mala gente. Son los que no aceptan la crítica, ni aceptan ponerse de cara a la verdad del espejo, los que prefieren anular la única salida que nos queda como sociedad a cambio de poder seguir viviendo de su estulticia.

Todos ellos logran que sienta que a ‘J’ le echen de su periódico y que me ponga del lado de su equipo frente a los tontos de baba que pululan como zombies en la mediocridad general de esta sociedad.

Vamos, que me han hecho levantarme con el pie cambiado.

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