Por el mal camino

La organización de los conciertos en la Huerta del Obispo se ha convertido en un espectáculo en sí mismo y, por cierto, nada edificante.

Los partidos de oposición (que criticaron la cancelación del concierto de Francisco, que fue comunicado por una nota de prensa de Somos Alcalá y que oficialmente se achacaba a la escasa venta de entradas aunque se festejaba como una victoria popular frente a las fuertes e inadecuadas declaraciones del cantante contra una política de la Comunidad Valenciana de Podemos) pasaron de criticar la censura del Equipo de Gobierno municipal (PSOE, Somos Alcalá e IU) a querer ejercerla frente a otros grupos o cantantes de similar penosa verborrea a la de Francisco que un día defendieron. Claro que mientras Francisco pidió perdón, los otros parece que hacen gala de sus frases inapropiadas; así debe ser su arte, oiga.

Personalmente creo que tanto la censura al concierto de Francisco como a la que se pretende ejercer contra Def con Dos o el rapero Costa son negativas. Creo que cualquier artista debe poder expresarse como quiera.

Durante años fui seguidor de las películas de Pedro Almodóvar. No dejaba pasar un estreno suyo sin acudir a las salas de cine a contemplar sus obras. Cuando crecí y escuche algunas de sus opiniones políticas, sus jerigonzas y diatribas dejé de valorarle positivamente como persona y como director de cine. Dejé de acudir a las salas de cine y, como mucho, vi algunas de sus últimas películas cuando las han emitido por televisión. No quise volver a dar un solo euro para financiar su obra.

Con estos artistas debería pasar lo mismo, el problema es que estamos acostumbrados a que sea con dinero público con el que se se financian los espectáculos que se ven en la gran mayoría de ciudades españolas. Ese uso de dinero público confiere a los ayuntamientos la capacidad de dirigir la cultura y convertirla en política. En el último artículo de mi blog “Cosas Que Decir”, un amable lector me interpeló asegurando que “la programación cultural atiende a criterios políticos, y si usted no sabe esto, le invito a que lea un curso de política básica”. Esta verdad, verificable en el caso de Alcalá de Henares, me hizo retorcerme en la silla. Efectivamente, hemos alcanzado el punto en el que la cultura sirve a criterios políticos y eso me asusta por los antecedentes históricos.

Mientras no me ofrezcan datos objetivos sobre la venta de entradas, y por mucho que les pregunto a los concejales de Somos Alcalá no quieren, no saben o no pueden responderme (lo cierto es que no hacen más que demostrar que son unos maleducados), yo tengo el derecho a suponer que la cancelación del concierto de Francisco se debe a esos criterios políticos que no permiten actuar a un artista que coincide con las posiciones políticas de un partido de derechas y que critica (muy duramente y con expresiones absolutamente reprochables, reitero) a una política del grupo político local equivalente a Somos Alcalá. Esa cancelación es espuria y me parece muy negativa para la ciudad. Los partidos de la oposición (PP y Ciudadanos) exigieron legítimamente respuestas y criticaron la actitud del ejecutivo municipal pues el alcalde ya había adelantado, hace más un mes, que no le gustaba que Francisco actuara en Alcalá. Sin embargo, ante el calculado silencio municipal decidieron pasar a la censura activa eligiendo a otros artistas que, siendo afines a los partidos de la izquierda gobernante, tuvieran declaraciones tanto o más execrables que las de Francisco.

En mi opinión no debería censurarse las actuaciones de nadie pero tampoco debería gastarse ni un euro de dinero público en ellas. Me parece bien que desde el Ayuntamiento se ponga a disposición de las promotoras privadas de espectáculos instalaciones o lugares para que puedan organizarse conciertos y eventos musicales pero sin emplear dinero público. Ese dinero sirve para poder controlar quien actúa y quien no, para abaratar las entradas y permitir que, hasta los que no estén interesados, vayan a los conciertos. Yo quiero que se organicen conciertos sin dinero público y que me cobren la entrada que estimen necesaria en función del caché del artista, de los costes de organización y de los beneficios del promotor; ya decidiré yo si quiero pagar ese dinero para ver a este o a aquel grupo o cantante.

Me ha parecido fatal lo que ha hecho quien haya cancelado la actuación de Francisco porque, y ésa es otra, todavía nadie se ha responsabilizado claramente de ello; Somos Alcalá envió una nota, el gobierno municipal no ha dicho nada hasta la nota de prensa remitida hoy en la que asegura que quien organiza los conciertos es una empresa privada pero en otro párrafo dice que es el gobierno municipal quien lo organiza (sic) y, después de la otra nota de la empresa promotora tras petición municipal, todavía nadie se ha adjudicado la decisión de cancelar esa actuación. Debe ser que el crimen cometido es tan horrendo que nadie se atreve a decir; yo he sido. Eso refleja que, efectivamente, las cosas se hicieron mal igual que el silencio de Somos Alcalá a mis tuits refleja su complejo de culpabilidad.

Tampoco me resulta nada edificante contemplar las intenciones censuradoras de los partidos de la oposición que parecen que actúan como diciendo; “ya que tu me censuras a uno de los míos, yo quiero censurarte a uno de los tuyos”.

Dejemos que los artistas se expresen como quieran, sepamos lo que dicen y lo que quieren decir, razonemos cada uno en su casa si le interesa ese artista por la calidad de su obra y por sus opiniones personales que, a fin de cuentas, forman todo uno y, en función de todo ello, decidamos si queremos verlo o darle la espalda y criticarle públicamente. Porque todas las críticas sí que son legítimas.

No va por buen camino nuestra ciudad con actitudes tan poco edificantes como las que estamos viviendo en estas últimas semanas. Y yo, sin recibir ni una contestación de Somos Alcalá siquiera para decirme que no quieren contestarme.

Llego (Artículo publicado el 10 de agosto de 2016 en la App de Portal Local)

Deja un comentario