Toalla o manta

El 8 de diciembre de 2012 (¡hace casi dos años!) escribí este artículo que me permito volverles a recordar, por si tienen a bien volverlo a leer.

Vivimos en un país que sufre una loca carrera hacia los seis millones de parados. Cada día hay más pobreza, menor capacidad de gastos y más situaciones en las que la falta de dinero produce conflictos.

Recortes en el consumo, buscar una gasolinera con el litro unos céntimos más baratos, aprovechar las ofertas 3×2 de los supermercados, cambiar de compañía de telefonía móvil a otra más barata, abandonar el gimnasio o las clases particulares de pintura, apagar las luces que no resulten imprescindibles, desahucios, cambiar a los hijos a un colegio más barato, hambre…

Las situaciones críticas se multiplican por todo lo largo de la geografía española. En Alcalá, no sólo no somos una excepción, sino que somos un claro ejemplo más de lo dicho. Alcanzamos los 21.000 desempleados, algo más del 10% de la población total, es decir, 1 de cada diez ciudadanos de Alcalá, contando a niños y ancianos y jubilados, ya no trabaja. No es difícil encontrar familias en las que nadie trabaja, las que se mantienen gracias a los ahorros o a las ayudas familiares, las que cumplen con los criterios que establecen que son pobres.

No es de extrañar pues que, cuando se sabe que el alcalde de la ciudad cobra la estratosférica cifra de algo más de 100.000 euros brutos al año, más que el presidente del gobierno de la nación, y que bloquea iniciativas particulares de algunos concejales para que se rebajen su sueldo y el del resto de la Corporación Municipal, los ánimos de los ciudadanos se calienten y sus opiniones se vuelvan en contra de los políticos que nos gobiernan.

Además, el actual alcalde personifica todo lo que ha llevado a esta ciudad a estar en la situación en la que actualmente se encuentra. Sigue permitiendo todas las malas acciones que fueron habituales durante el mandato de su predecesor para mantener una malentendida paz social. Se añade el plus de que se ve en la obligación de aparecer en todos los actos que se llevan a cabo cual “niño en el bautizo y muerto en el entierro” para ser fotografiado y pueda ser conocido por la población de la ciudad. Esto le está poniendo en el punto de mira de tantos y tantos descontentos con la situación económica general que están pudiendo focalizar quien es uno de los responsables de su situación.

Mantiene el mismo equipo que ha fracasado en la gestión de la crisis y de la nueva situación política que devino de las últimas elecciones municipales. Se ha rodeado de mediocres que no soportarían un análisis riguroso de su curriculum. Se ha revuelto contra la “mano que le dio de comer” y que propició su paracaidista llegada al puesto que actualmente ocupa, mostrando el tipo de persona que es. Ha mantenido, a pesar de la situación económica, sus ententes económicas con algunos supuestos poderosos medios de comunicación local cambiando publicidad por un descarado apoyo. Ha realizado acciones en las redes sociales que le inhabilitan como persona, cuanto más como político de responsabilidad. Ha usado ideas que no son suyas en acciones promocionales de la ciudad que me han dado idea de lo bajo que se puede llegar a caer en política. Ha sido, en resumen, incapaz de ser quien era antes de ocupar el puesto que ocupa. Y permanece con un sueldo de seis cifras cuando la ciudad agoniza.

No me extraña que haya gente con ganas de tirar la toalla. La situación económica es muy difícil y la política va pareja. No necesitamos políticos que vengan a ganarse el potosí que cobran para mantener el “statu quo”. Necesitamos gente que sea capaz de romper con una dinámica que nos ha llevado a donde estamos. Necesitamos quien pueda poner como principal objetivo el bien de la comunidad, no el bien de los hijos de una delegada sindical que consolide un perpetuo “yo te doy y tu no te metes conmigo” al que tan acostumbrados están en Alcalá, políticos, sindicatos y medios de comunicación.

A los que les entren ganas de tirar la toalla, yo les digo que es mejor tirar de la manta. Destapar lo que pasa, llamar al pan, pan y al vino, vino. Dar luz a todo lo irregular que podamos encontrar porque va a ser la única manera de que los que están en el poder ahora se den cuenta de que no vamos a permitir ni una más y también que, los que vengan, se den cuenta de que tienen que traer otra forma de hacer política o no van a durar.

Los políticos son los responsables de lo que pasa y tienen que ser los que nos den una solución y nos saquen de donde nos han metido. Si no valen los que están, tendrán que venir otros porque, aunque no nos guste la política, es la única herramienta de la que disponemos para arreglar este desaguisado. Yo no defiendo ni las revoluciones, ni la política asamblearia.

Tenemos una Constitución que perfecciona un sistema democrático que tiene carencias. La propia Ley máxima está preparada para ser cambiada. Ha servido durante 34 años y estoy seguro de que puede servir durante mucho más tiempo. Sólo falta que los ciudadanos seamos capaces de exigir la verdad en todas las acciones.

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