Trump

Ha ganado. Los norteamericanos lo han decidido. Poco más se puede decir.

Muchos tuvimos una sensación parecida cuando un mal actor secundario llegó al mismo cargo que va a ocupar Trump y, sin embargo, llegó a ser un gran presidente. Claro que Reagan se curtió durante ocho años como gobernador del Estado de California.

No tengo muy claro si la victoria del candidato del pelo naranja se debe a sus méritos o a los grandes y sonados deméritos de su rival, la demócrata Clinton, nacida Rodham. Hillary no ma parece una candidata a la altura de lo que se espera del Partido Demócrata de EEUU pero, oye, se trata del mismo partido que encumbró a un estupendo lector de discursos como ha sido Obama que no ha hecho nada que la historia vaya a recordar. Bueno, sí, ganar el Premio Nobel de la Paz más risible hasta que los sabios de literatura le han entregado el suyo a Robert Allen Zimmerman, más conocido como trovador que se hace llamar Bob Dylan. Pero esto es otra historia.

Hillary, la meritócrata abogada de Yale, ha cometido durante su vida, tantos aciertos como errores y, aparte el hecho de ser una destacada mujer y de conocer el interior de la Casa Blanca, no se sabe muy bien los méritos que podría aportar la presidencia. Sus relaciones peligrosas y amistades con grupos de presión no le han granjeado el beneplácito de la mayoría. Su única virtud clara parecía ser su previsibilidad.

Y, al otro lado, un cretino misógino que ha hecho de la excentricidad, la bravuconearía y el desenfreno verbal sus señas de identidad. Sin experiencia política pero con un certero control de su presencia en los medios de comunicación (léase televisión), ha hecho lo preciso y suficiente para ser contemplado como la menos mala de las opciones que este año se han presentado para dirigir la única super-potencia mundial que queda, tras la caída de la URSS y a la espera de que China decida expandir su imperialismo.

No tengo nada contra Trump. Por lo visto, no se llega alto en la política si no tienes muchas carencias como persona. Queda la esperanza de que el sillón del Despacho Oval reconvierta su energía en pragmatismo y ayude a mejorar la vida de sus conciudadanos y que su política no perjudique al resto del género humano en demasía.

Hoy también se ha conocido la sentencia que no aprecia delito penal en la responsabilidad de Javier Bello por los pagos irregulares a medios de comunicación local… pero esto también es otra historia.

Llego (Artículo publicado el 9 de noviembre de 2016 en la App de Portal Local)

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